Nutrillermo: El arte de nutrirse de la vida

En tiempos de atajos y modas biotecnológicas, el Dr. Guillermo Rodriguez Navarrete invita a volver al sentido común y a la sabiduría del cuerpo.

MIAMI, FLORIDA – NOVIEMBRE 2025

Luz natural, silencio amable, una sensación de equilibrio que parece extenderse a cada rincón. El Dr. Guillermo Rodriguez Navarrete, mejor conocido como “Nutrillermo” por su trabajo en nutrición, nos recibe con la misma serenidad que impregna el lugar, con esa paz interior que no se finge y que parece nacer de un orden interior. Frente a nosotros, su voz es pausada y firme, como si cada palabra hubiese sido decantada por la experiencia. Y en ese ambiente de sosiego, entre libros, plantas y la luz que entra sin pedir permiso, comienza una conversación que, más que entrevista, parece una invitación a repensar la manera en que vivimos.

“Alguien me dijo una vez: sé tú, y ese día cambió todo”, recuerda. “Cuando entendí que podía comunicar siendo yo mismo, mi discurso se volvió simple, honesto, cercano. Porque la salud, al final, no es fancy. Es ser uno mismo, y vivir en consecuencia.” Ese gesto, el de quitarse la máscara y hablar desde la convicción, resume buena parte del fenómeno Nutrillermo. Detrás del rostro que inspira a millones en redes sociales, hay un profesional que transitó desde la farmacia hacia la nutrición, desde la química de los medicamentos hacia la ciencia viva de los alimentos y la energía. Su discurso, de tono pausado y verbo afilado, ha sacudido los cimientos de la nutrición tradicional. Lo suyo no es una dieta: es una filosofía.

DE LA FARMACIA A LA CONCIENCIA

“Mis padres eran farmacéuticos, los dos”, explica. “Yo quise ser como ellos. Creía que, estudiando farmacia, iba a poder curar gente. Pero cuando terminé la carrera me di cuenta de que lo que hacía era tratarlos de por vida con medicamentos. No los curaba. Y eso me afectó, porque mi sueño era protegerlos.” El nombre Guillermo, cuenta, viene del germánico y significa precisamente eso: protector. “Y si no podía curar, tampoco podía proteger. Así que busqué una forma de hacerlo de verdad, y ahí encontré la nutrición.”

Su tránsito hacia este nuevo terreno no fue un salto repentino, sino una búsqueda. Una inquietud que lo llevó a estudiar durante años hasta dar con una verdad incómoda: gran parte de las enfermedades que tratamos con fármacos podrían prevenirse, y muchas veces revertirse, si entendiéramos la nutrición en toda su amplitud. “El cuerpo humano se puede sanar. Pero hay que entenderlo más allá del plato. La gente piensa que nutrición es comida, pero el ser humano se nutre de muchas más cosas: de la luz, del contacto con la tierra, del electromagnetismo, del descanso, de la emoción. Todo eso es nutrición. Por eso hablo de nutrición moderna.”

Ese concepto, que Nutrillermo ha convertido en bandera, amplía radicalmente la visión clásica del bienestar. Habla del sol como fuente de electrones, de la tierra como canal de energía, de la frecuencia electromagnética como nutriente invisible. Su tono no es místico, sino profundamente científico, aunque vestido de una claridad desarmante. “La gente se sorprende porque lo simple suele ser lo más revolucionario. Pero el cuerpo no necesita complicaciones; necesita coherencia.”

LA SIMPLICIDAD COMO PODER

Hay una cita que Nutrillermo repite con convicción: “Simplicity is power”. La tomó de Tony Robbins, y la ha hecho propia. “Durante años, yo daba conferencias llenas de términos técnicos, creyendo que así demostraba conocimiento. Hasta que entendí que lo verdaderamente difícil no es explicar lo complejo, sino traducirlo para que cualquiera lo entienda y lo aplique.”

La clave, dice, está en la adherencia. “No basta con dar un buen consejo, hay que lograr que la persona lo siga. El mejor nutricionista no es el que diseña la dieta más sofisticada, sino el que consigue que su paciente la haga. Eso no te lo enseñan en la universidad; lo aprendes comunicando, vendiendo, persuadiendo.”

Su comparación es tan directa como memorable: “La primera venta de tu vida es la que le haces a tu pareja. Tienes que saber venderte. Pues con un paciente es igual: tienes que convencerlo de hacer lo que lo va a sanar.”

Ese sentido de la comunicación como herramienta de salud ha hecho de Nutrillermo una figura singular. Su presencia en redes sociales no se parece a la de otros expertos. No hay filtros ni máscaras. Lo que hay es una voz firme, casi pedagógica, que devuelve la nutrición a su territorio más humano: el del sentido común.

“Si Einstein hubiera ido casa por casa a decirle a la gente que E=mc², nadie lo habría entendido. El valor del conocimiento está en hacerlo útil. Lo mismo pasa con la salud: no basta con saber, hay que lograr que el otro cambie.”

LA SALUD COMO ROMPECABEZAS

Hablar con Nutrillermo es entrar en una serie de metáforas tan simples que terminan siendo inevitables. Una de las más recurrentes es la del rompecabezas. “Nuestro cuerpo es un rompecabezas perfecto. Si una pieza falta, no hay salud. Entonces, ¿qué hacemos? Buscamos la pieza. No puede estar muy lejos: probablemente tu abuelo la tenía. Pregúntale qué hacía él que tú no haces.”

En esa imagen se condensa toda su visión: la salud no es un misterio oculto, sino una reconstrucción. “La pieza perdida puede ser sol, puede ser descanso, puede ser silencio. A veces no está en el plato, sino en la rutina.” Su forma de pensar tiene algo de artesanal, de observación lenta. “El problema de hoy es que vivimos queriendo resolverlo todo con pastillas. Pero la naturaleza no necesita intermediarios. Lo que falta, la mayoría de las veces, está más cerca de lo que creemos.”

NUTRIR NO ES COMER

“Una alimentación saludable es la que hace que el cuerpo esté saludable. Es así de simple”, dice, y se ríe de la paradoja. “Los profesionales tendemos a complicar las cosas para parecer más sofisticados. Pero la verdadera maestría está en simplificar.”

Esa simplicidad, en su caso, se traduce en un principio radical: volver a lo natural. “No hay nadie de cien años que me diga: ‘Déjame contarte la lista de suplementos que tomo’. No. Toman sol. Caminan. Viven afuera. Duermen bien. Comen lo que el cuerpo reconoce como alimento.”

Habla del sol con una reverencia casi poética. “El sol es nutrición pura. Nos enseña a metabolizar mejor los carbohidratos, mejora la sensibilidad a la insulina. Por eso las personas que viven en zonas soleadas y llegan a los cien años lo hacen comiendo pan, arroz o pasta… pero viviendo al aire libre. No es el carbohidrato el problema, sino el contexto.”

Para Nutrillermo, el problema no está en los alimentos, sino en el estilo de vida que los rodea. “Hoy vivimos en un entorno de mala calidad: sin sol, sin tierra, sin descanso. Un estilo de vida mal hecho es, literalmente, un estilo de vida de mala calidad. Así que hay que cambiarlo.”

Su discurso no busca provocar, sino despertar. Y lo hace con un tono sereno, casi didáctico, que atraviesa la anécdota para llegar al fondo: “No se trata de comer menos, sino de vivir mejor. De devolverle calidad a lo que somos.”

EL ESPEJISMO DE LAS PASTILLAS

En un mundo saturado de suplementos, cápsulas y promesas de longevidad, Nutrillermo mantiene una distancia prudente. “Estamos en una época en la que cualquier cosa que prometa juventud se convierte en moda. El NAD, el resveratrol, el NMN… todo eso tiene su momento de gloria. Pero la pieza perdida no está en una pastilla, está en la naturaleza.”

No rechaza la ciencia; al contrario, la honra. “La suplementación tiene sentido cuando falta algo. Si no comes pescado, puedes tomar Omega 3. Si no te da el sol, puedes usar una lámpara de luz roja. Pero nada de eso sustituye lo que el cuerpo reconoce como real. Un suplemento puede llenar el hueco, pero no reemplazar la pieza original.” Su tono no es de advertencia moral, sino de serenidad racional. “Si el secreto de la longevidad estuviera en una cápsula, ya lo sabríamos. Pero la gente que llega a los cien años no necesita laboratorio: tiene coherencia. Y la coherencia no se vende.”

LA MODA DEL ATAJO

Cuando la conversación se desplaza hacia el Ozempic y otros tratamientos inyectables para bajar de peso, su expresión se vuelve más seria. “Esa historia la hemos visto antes. Cada generación tiene su fármaco milagro, hasta que entendemos que los efectos secundarios son peores que los beneficios. Ya hay gente con problemas de tiroides, con parálisis intestinal, incluso con cáncer. Y aún así seguimos creyendo en la solución instantánea.”

Para él, la respuesta siempre está en el estilo de vida. “La diabetes no se resuelve con una inyección. Se resuelve cambiando cómo vives. Pero eso no es negocio. Lo rentable es mantenerte enfermo el mayor tiempo posible.”

Su voz, sin embargo, no suena derrotista. Habla con la certeza de quien ha visto resultados reales en pacientes y seguidores. “He visto personas revertir enfermedades llamadas crónicas. He visto cuerpos recuperar la salud. La biología es generosa cuando uno la entiende.”

EL PODER DEL NO

En un momento de la entrevista, la conversación deriva hacia el placer y el autocontrol. “Tu lengua es el uno por ciento de tu cuerpo”, dice. “Ahí está el placer. Pero ese placer dura cinco segundos. Y por darle cinco segundos de gusto al uno por ciento de tu cuerpo, estás dañando el 99% restante. Y con él, tu tiempo, tu vida, el tiempo de tus hijos y de tus nietos.”

Luego, su argumento se convierte en una lección sobre la decisión y el compromiso: “Tienes que decidir antes. No cuando el brownie esté frente a ti. Es como el matrimonio: el cura no te pregunta si aceptarás a tu pareja cuando llegue la tentación, te lo pregunta antes. La decisión está tomada. Cuando tomas la decisión, el no deja de ser un esfuerzo y se convierte en una tranquilidad.”

Esa comparación entre el azúcar y la infidelidad, sorprendente por su honestidad, encierra algo más profundo: la idea de que la salud nace de un compromiso íntimo, no negociable. “Yo no sufro por lo que no como. Mi decisión ya está tomada. Y eso me da paz. Lo mismo que le da paz a mi esposa saber que puede dormir tranquila. La coherencia es la mejor melatonina.”

LA NUTRICIÓN COMO ACTO DE LIBERTAD

En su discurso hay algo de rebelión silenciosa. Nutrillermo no habla de salud como un objetivo estético ni como un estado idealizado, sino como una forma de libertad. “Cuando entiendes lo que necesitas, dejas de depender de lo que te venden. Y eso no le gusta a quienes se benefician de tu confusión.”

Por eso insiste en que la solución no está afuera. “Nos gusta buscar respuestas lejos, en un laboratorio, en un gurú, en una nueva moda. Pero la pieza perdida casi siempre está en casa, a veces en la misma habitación.”

Su tono no tiene la ansiedad de quien quiere convencer, sino la serenidad de quien ya ha encontrado un sentido. “El cuerpo humano no se equivoca. Lo que se equivoca es la mente, cuando olvida que el cuerpo es sabio.”

EL RETORNO A LO ESENCIAL

Hacia el final, la conversación se detiene en algo que parece simple, pero que en su voz adquiere una resonancia distinta: nutrirse de la vida.

“El alimento es solo una parte. También nos nutre la luz, el aire, la tierra, el silencio, el contacto humano. Nos nutre el propósito. Nos nutre la verdad. Cuando todas esas piezas encajan, el cuerpo lo sabe. Se siente bien. Y eso es salud.”

En su mirada, la longevidad no es una meta, sino una consecuencia natural de vivir bien. “No se trata de llegar a los cien años, sino de vivir los años que tengas con plenitud. La vida se mide en energía, no en tiempo.”

Por eso, cuando le preguntan por el secreto, responde con una sonrisa que desarma cualquier expectativa: “No hay secreto. Hay coherencia. Hay verdad. Y hay práctica. La información sin ejecución no sirve para nada.”

Al terminar la entrevista, Nutrillermo nos regala una última frase fuera de cámaras que condensa todas sus enseñanzas:  “Ojalá les sirva para vivir veinte años más”, dice. “Pero tienen que ejecutar. Solo funciona si lo aplicas.”

Esa es la esencia de Nutrillermo: un hombre que ha hecho de la nutrición una forma de conciencia. Que cambió los medicamentos por la luz del sol, las fórmulas químicas por la experiencia humana, y que ha encontrado en la simplicidad el lenguaje más sofisticado.

En un mundo que corre hacia los atajos, Nutrillermo propone detenerse, respirar y mirar alrededor. Recordar que el cuerpo, como la vida, es un rompecabezas del que ya tenemos todas las piezas. Solo hay que aprender a encajarlas.

DR. GUILLERMO RODRIGUEZ NAVARRETE – “NUTRILLERMO”
@nutrillermo en IG
www.nutrillermo.com

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